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Hay montañas cuyo nombre llama la atención antes incluso de conocerlas. La Gran Facha es una de ellas. Su nombre puede provocar alguna sonrisa cuando lo escuchas por primera vez, pero detrás de él se encuentra una de las cumbres más atractivas del Pirineo aragonés. Con sus 3.005 metros de altitud, esta montaña se levanta justo sobre la frontera entre España y Francia y ofrece una ascensión que combina grandes paisajes, varios ibones y una entretenida cresta final.

Nuestro punto de partida fue el refugio de Respomuso, en el valle de Tena. Desde allí comienza una intensa jornada de montaña que poco a poco va ganando altura hasta alcanzar una cumbre con unas vistas privilegiadas sobre algunos de los grandes macizos del Pirineo.

¿De dónde viene el nombre de La Gran Facha?

Antes de comenzar la ruta hay una curiosidad que merece la pena conocer. Porque no, el nombre de La Gran Facha no tiene nada que ver con el significado que actualmente damos en castellano a la palabra «facha«.

El origen está en términos como faxa, faixa o faja, utilizados en las lenguas pirenaicas para describir una franja de terreno larga y estrecha. De hecho, faja es un término muy habitual en la toponimia del Pirineo aragonés para referirse a este tipo de formaciones.

Así que detrás de ese curioso nombre no hay ninguna referencia política, sino un antiguo término relacionado con la propia orografía de estas montañas.

Refugio Respomuso

De Respomuso a los primeros ibones

La ruta que os enseñamos aquí comienza junto al refugio de Respomuso, situado a más de 2.000 metros de altitud, donde hicimos noche. Desde aquí comenzamos remontando el valle en dirección al ibón de Campo Plano.

Pero para llegar hasta el Refugio, tuvimos que hacer el día anterior una aproximación desde el Parking de la Sarra hasta el Refugio de Respomuso, en la que ganamos 700 metros de desnivel positivo en unos 7,5km. Algo altamente recomendable si no quieres hacerte en un día 25km y 1700m de desnivel+.

El sendero avanza entre montañas y praderas de alta montaña. Pasaremos por los ibones de Las Ranas, pequeñas masas de agua que sirven como aperitivo de lo que encontraremos más adelante.

Uno de los grandes atractivos de esta ruta es precisamente la sucesión de lagos de origen glaciar que aparecen durante la ascensión. En los Pirineos aragoneses se conocen como ibones y, en días despejados, sus aguas reflejan las enormes paredes y cumbres que los rodean.

Continuamos avanzando junto al barranco de Campo Plano hasta alcanzar el ibón de Campo Plano, uno de los lugares más bonitos del recorrido. Aquí la sensación de estar completamente rodeados de alta montaña comienza a ser evidente. Un embalse cerrado por una enorme presa no terminada y abandonada, afeando bastante la imagen del lugar. 

Los ibones de la Facha

Después de superar Campo Plano seguimos ganando altura hasta alcanzar el conjunto de los ibones de la Facha.

Un tramo que discurre encajonado por el lecho de un pequeño río que baja de los ibones. Aquí pudimos ver numerosos sarrios o rebecos, las cabras más famosas del pirineo oscense. 

Los ibones aparecen encajados entre las cumbres y, dependiendo de la época del año, pueden encontrarse todavía rodeados de nieve. El contraste entre el agua, las pedreras y las montañas convierte esta parte del recorrido en uno de esos lugares en los que merece la pena detenerse unos minutos.

Desde aquí ya podemos empezar a intuir nuestro objetivo: la silueta piramidal de La Gran Facha.

Ibones de la Facha

Hacia el collado de la Facha

La siguiente parte de la ascensión consiste en ganar altura hasta alcanzar el collado o Puerto de la Facha, situado aproximadamente a 2.660 metros. Paso entre valles y países. Muchos montañeros cruzan este paso para dirigirse a otras montañas francesas o hacer noche en el Refugio de Wallon

Al alcanzar el collado cambia completamente el carácter de la ruta.

Hasta entonces habíamos recorrido un paisaje de ibones y senderos de montaña. A partir de aquí comienza la parte más alpina de la ascensión: la cresta norte-noroeste de La Gran Facha.

La cresta hasta la cima

La cresta es, probablemente, el tramo más divertido de toda la ruta.

No estamos ante una escalada propiamente dicha, pero sí hay varios pasos en los que es necesario utilizar las manos para progresar entre bloques y resaltes de roca. Las trepadas son sencillas, alrededor del grado I+, aunque la exposición aumenta en algunos puntos y hace que la concentración sea importante.

Es precisamente esta parte la que da personalidad a la ascensión. Después de varios kilómetros caminando entre ibones y pedreras, tocar roca y avanzar por una arista con las montañas extendiéndose a ambos lados produce una sensación completamente diferente.

Con terreno seco y buenas condiciones, las dificultades técnicas no son especialmente elevadas, pero no debemos olvidar que estamos ascendiendo un tresmil pirenaico. La meteorología, la nieve o el hielo pueden cambiar por completo las condiciones de la montaña.

Poco a poco vamos superando los últimos resaltes hasta alcanzar la característica cima de La Gran Facha o Le Grand Fache, a 3.005 metros de altitud.

Los Infiernos desde La Gran Facha

Un mirador privilegiado del Pirineo

La cima recompensa todo el esfuerzo.

La Gran Facha ocupa una posición bastante aislada y, al encontrarse justo en la frontera entre España y Francia, ofrece una panorámica extraordinaria en ambas direcciones. Desde arriba aparecen algunas de las grandes cumbres del Pirineo central.

En función de la visibilidad podemos reconocer el Balaitús y las Frondellas, los Picos del Infierno, el Vignemale o el Monte Perdido, además del Pic du Midi d’Ossau hacia Francia.

Después de varias horas de ascensión, quedarse unos minutos en la cima contemplando todo lo que nos rodea es probablemente el mejor momento de la ruta.

Una ascensión que combina todo lo que busco en la montaña

La Gran Facha me parece una de esas montañas especialmente completas. No destaca únicamente por superar los 3.000 metros, sino por todo lo que ofrece el camino hasta llegar allí.

La ruta permite disfrutar de ibones, valles de alta montaña, pedreras, una cresta rocosa y una gran panorámica del Pirineo en una misma jornada. Y, además, tiene ese pequeño detalle que hace que sea fácil recordarla: un nombre peculiar cuyo verdadero significado poco tiene que ver con lo que inicialmente podríamos pensar.

Eso sí, no debemos olvidar que estamos ante una ruta de alta montaña. Aunque la vía normal no presenta dificultades técnicas excesivas en condiciones estivales y con terreno seco, la altitud y las condiciones meteorológicas pueden convertir una ruta relativamente asequible en una actividad exigente. Consultar la previsión y el estado de la montaña antes de salir es fundamental.

Pero si las condiciones acompañan, alcanzar los 3.005 metros de La Gran Facha después de haber recorrido sus ibones y trepado por su cresta es una de esas experiencias que hacen que una jornada de montaña merezca completamente la pena.

Si quieres conocer otras rutas por los pirineos, aquí te dejo un listado de rutas de distinta dificultad por Pirineos

Track GPS de la Ruta al Gran Facha

Aquí os dejo el track para poder llegar hasta la cima de este tresmil pirenaico sin ningún problema. 

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