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Hay destinos que llegan sin hacer ruido y terminan quedándose contigo mucho tiempo después del viaje. Eso me pasó con Lombok. Mientras todo el mundo habla de Bali, esta isla vecina conserva todavía una esencia mucho más tranquila, auténtica y salvaje. Carreteras vacías entre arrozales, playas casi desiertas, montañas cubiertas de selva y pequeños pueblos donde el ritmo parece ir mucho más lento.

Durante mi viaje recorrí varias zonas de la isla y, aunque las lluvias tropicales nos obligaron a cambiar algunos planes, descubrimos rincones increíbles que merecen muchísimo la pena. Desde playas paradisíacas hasta cascadas escondidas en plena jungla, pasando por islitas diminutas donde apenas había turistas.

Estos fueron, para mí, algunos de los mejores lugares que visitar en Lombok.

Kuta Lombok: el corazón surfero de la isla

La mayoría de viajeros que llegan a Lombok terminan pasando por Kuta Lombok. Y es normal. Esta pequeña localidad del sur se ha convertido en la zona más turística y desarrollada de la isla, aunque todavía conserva bastante más calma que otros destinos famosos de Indonesia, es lo más parecido a Bali que vas a ver (Ubud o Kuta Bali). 

Aquí el ambiente no es nada relajado: cafeterías bonitas, restaurantes de todo tipo, surfistas recorriendo las calles en moto, música y ruido por todos lados. Aunque muchos de los alojamientos se encuentran en calles tranquilas. Pero lo mejor de Kuta no es el pueblo en sí, sino todo lo que lo rodea.

Muy cerca aparecen algunas de las playas más impresionantes de Lombok. Lugares como Tanjung Aan, Selong Belanak o Tampah Beach tienen ese aspecto de postal tropical que parece irreal: arena blanca, agua turquesa y colinas verdes cayendo sobre el mar. Eso sí, la playa del pueblo es feísima y está llena de basura y barcos, por lo que lo mejor es alquilar moto e irse a otras cercanas como las mencionadas anteriormente. 

Además, recorrer esta zona en moto es una auténtica maravilla. Las carreteras atraviesan paisajes secos y montañosos que recuerdan, por momentos, a otras islas mucho menos conocidas de Indonesia.

Tampah Beach Lombok

Las Secret Gilis: un pequeño paraíso sin turistas

Uno de los mejores recuerdos del viaje fue, sin duda, la excursión a las llamadas Secret Gilis, unas pequeñas islas situadas al suroeste de Lombok y mucho menos conocidas que las famosas Gili del norte. Nosotros visitamos Gili Nangg, Gili Sudak y la pequeñita y preciosa Gili Kedis

Y precisamente ahí está su magia. Mientras en otros lugares encuentras beach clubs, fiestas y muchísima gente, aquí apenas había turistas. Solo agua cristalina, barcas de pescadores y playas prácticamente vacías.

Las Secret Gilis son perfectas para pasar el día haciendo snorkel, relajarse en la arena o simplemente disfrutar de la sensación de estar en un lugar todavía poco explotado por el turismo. El ritmo es lento, tranquilo, casi como si el tiempo se hubiese detenido.

Después de varios días moviéndonos por zonas más conocidas, llegar aquí fue como descubrir otra Lombok completamente distinta.

Secret Gilis Lombok

Las cascadas de Tiu Kelep: jungla y agua en el norte de Lombok

El norte de Lombok es totalmente diferente al sur. La isla cambia por completo: la vegetación se vuelve mucho más densa, aparecen montañas cubiertas de niebla y el ambiente tropical se intensifica.

Allí visitamos las famosas cascadas de Tiu Kelep Waterfall, probablemente uno de los lugares naturales más espectaculares de la isla.

El camino hasta ellas ya merece la pena. Senderos rodeados de selva, puentes, ríos y una humedad constante que hace que parezca que estás entrando en otro mundo. Primero se llega a Sendang Gile, otra cascada muy bonita, pero la auténtica joya aparece un poco más adelante.

Tiu Kelep cae con una fuerza brutal entre paredes cubiertas de vegetación. El agua pulverizada llena todo el ambiente y crea una especie de niebla constante. Estar allí, empapado, escuchando únicamente el ruido del agua y la selva, fue una de esas experiencias que hacen especial un viaje.

Sin duda, uno de los imprescindibles de Lombok.

tiu kelep waterfall

Senggigi: una zona tranquila marcada por la lluvia

Nuestra parada por Senggigi estuvo bastante pasada por agua. Las lluvias tropicales nos acompañaron prácticamente todo el tiempo y no pudimos explorar demasiado la zona.

Aun así, se nota que Senggigi tiene un ambiente diferente al de Kuta. Más tranquilo, más clásico y con un turismo algo más relajado. La carretera costera que recorre esta parte de la isla tiene muchísimas vistas bonitas y pequeños rincones frente al mar.

 

Aunque no pudimos disfrutarla como nos habría gustado, creo que es una buena base para recorrer la zona oeste de Lombok con calma.

Las Islas Gili: el paraíso más famoso

Hablar de Lombok es hablar también de las Gili Islands. Estas pequeñas islas situadas frente a la costa noroeste son uno de los lugares más conocidos de Indonesia.

Cada una tiene un ambiente distinto: algunas más enfocadas a la fiesta como es Gili Trawangan, otras mucho más tranquilas como Gili Meno. Pero todas comparten algo en común: playas de arena blanca, aguas transparentes y una vida marina espectacular.

Pasar unos días allí es casi obligatorio si visitas Lombok. Poder moverte en bicicleta, ver tortugas haciendo snorkel o disfrutar de los atardeceres frente al mar convierte las Gili en uno de esos lugares difíciles de olvidar.

Yo recomendaría visitar las tres islas, y con estar 3 días en cada una es más que suficiente. 

tortugas en islas gili

El gran pendiente: el volcán Rinjani

Hay algo que se nos quedó clavado durante el viaje: hacer el trekking al Monte Rinjani.

El volcán domina gran parte de la isla y está presente constantemente en el paisaje, especialmente cuando el cielo se despeja. Mucha gente viaja a Lombok únicamente para hacer esta ruta, considerada una de las más espectaculares de Indonesia.

Nosotros no pudimos hacerlo por falta de tiempo y por el clima, pero es uno de esos lugares a los que sabes que algún día terminarás volviendo.

Una isla que todavía conserva su esencia

Quizá lo que más me gustó de Lombok fue precisamente eso: la sensación de autenticidad. A pesar de que el turismo cada vez llega con más fuerza, todavía quedan muchísimos rincones tranquilos, carreteras vacías y playas donde apenas encuentras a nadie.

Es una isla perfecta para recorrer sin demasiada prisa, improvisando sobre la marcha y dejando espacio para perderse un poco. Porque muchas veces, los mejores momentos del viaje aparecen justo ahí, cuando no los estás buscando.

Lo peor de todo, es la basura. Y es que prácticamente en todas las playas a las que vayas vas a ver plásticos, tanto en la arena como en el agua. La gente local no tiene conciencia ambiental alguna y sumado a la escasez de recursos del país (no vimos ni un solo camión de basura en un mes, yo creo que ni existen) hace que haya basura por todos lados. Un problema enorme al que tienen que poner solución o acabarán acabando con otro paraíso natural. 

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